Origen del proyecto

Desde el Servicio de Cooperación al Desarrollo del Ayuntamineto de Vitoria-Gasteiz y desde el Centro Cultural Montehermoso Kulturunea se ha considerado que las prácticas culturales contemporáneas, en sus múltiples expresiones (plásticas, audiovisuales, artes escénicas,..), son una herramienta válida para promover espacios de diálogo y reflexión, y visibilizar la situación de los Derechos Humanos en el mundo actual.

En este contexto, y teniendo como referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos y su conmemoración el día 10 de diciembre, el Servicio de Cooperación al Desarrollo y el Centro Cultural Montehermoso Kulturunea pusieron en marcha en 2013, una convocatoria para la selección de un proyecto de creación artística que promoviera la difusión del trabajo de organizaciones y colectivos sociales y culturales  a favor de los derechos humanos y favoreciera la sensibilización de la ciudadanía, mediante procesos colaborativos entre, por una parte, agentes sociales ligados a la solidaridad internacional en el ámbito de la protección y defensa de los Derechos Humanos y, por otra, agentes culturales presentes en nuestra ciudad.

Este año, el proyecto artístico seleccionado, avalado por la ONGD Mundubat, ha sido “Palestina, Ágora Artística” .

 

Palestina, Ágora Artística aborda el arte como herramienta de supervivencia y de resistencia, personal y colectiva. Parte de una vivencia personal que se revela mucho más amplia a través de la interacción entre artistas que viven y crean en contextos muy diferentes, pero que se encuentran en este diálogo. Ese ir y venir constante del mundo interior al exterior y esa frase que sugiere otra frase es el proceso creativo que pretende provocar y documentar este proyecto. Se trata de un proceso creativo compartido por artistas palestinas y vascas y articulado en torno a la práctica artística como herramienta para resistir, visibilizar y combatir las vulneraciones de derechos humanos. 
 

En este sentido, el objetivo principal de este proyecto es reivindicar la expresión artística como instrumento no sólo de expresión y comunicación sino también de denuncia y transformación, hoy más que nunca una herramienta para la resistencia ante las situaciones de vulneración de los derechos humanos y sus consecuencias.

COVID 19. CONFINADA

Todo empezó con Italia. En las noticias se hablaba de toque de queda. En ese preciso instante comencé a sentir miedo.
En cuanto lo anunciaron supe que no iba a haber marcha atrás. La maquinaria pesada se había puesto en marcha.
Como todos entré en shock.
Nos ENCIERRAN.

Enfado, frustración. Y una enorme tristeza.
No salí a aplaudir. No tenía motivos. No he sentido unión. Está claro que he vivido en la negación. NO

Miraba la calle con absoluta tristeza y desolación. Mi hija de 5 años no puede salir a la calle.
Y me enfadaba el auto encierro sin pelea, sin revolverse.
Cuando quieran nos lo pueden quitar todo. Ese miedo era real en mí. 

“…Entonces viene la pena, que de sí misma dice que nunca acabará. Mas con esa pena asoma subrepticiamente algo más que se aproxima a la broma pero no lo es, algo que hace alucinar, como el vuelo de un pañuelo de prestidigitador después de un acto de magia, una especie de ligereza, algo del todo opuesto a lo que uno siente...”

Intransigente. Me volví intransigente. Esa ha sido mi defensa supongo. Y mi ataque.

También en el confinamiento he descubierto la capacidad de supervivencia y superación.
Mi familia fue mi refugio y mi fortaleza una vez más.
Intentamos no generar miedos en mi hija. No más de los generados por la situación de encierro. 

También generamos nuevas rutinas que nos ayudaban a aliviar el encierro.
De vuelta a la normalidad, fase a fase (0, 1, 2, a partir de ahí la incertidumbre ha ido bajando), sentí vértigo real, físico, consecuencia directa del confinamiento, y cierto Síndrome de Estocolmo a esos momentos de recogimiento, superación y mundo pequeño y seguro.

Y en ese momento Palestina volvió a mi. O quizás fuera al revés. Yo volví allí desde mi confinamiento.
Hace ahora 11 años que fui a Palestina como brigadista. Fue en Julio de 2009.
La dura y extrema situación a la que es sometido el pueblo palestino era algo inimaginable para mi.
Un pueblo confinado en un territorio cada vez más exiguo, encerrado en su propia tierra y a la vez desposeído de la misma. Sometido a constantes humillaciones y vejaciones. Amenazado por un estado militar y militarizado que vulnera constantemente sus derechos y libertades.
Fue una situación difícil de digerir. Una bofetada de realidad.

 

La historia del pueblo palestino que yo conocí es una historia de lucha y resistencia. 

La historia toda estriba en anhelos que se mantienen, se pierden, se renuevan. Y con las nuevas esperanzas llegan nuevas teorías. Pero para los hacinados , para aquellos que tienen muy poco, o nada, excepto algunas veces el arrojo y el amor, la esperanza funciona de manera distinta. Es entonces algo que morder, algo que poner entre los dientes.(….) Con la esperanza entre los dientes, llega la fuerza para seguir aún cuando la fatiga nos acose, llega la fuerza , cuando es necesaria, para elegir no gritar en el momento equivocado, llega la fuerza, sobre todo, para no aullar. Una persona, con la esperanza entre los dientes, es un hermano o hermana que exige respeto.(.....) Y cuando se trata de sobrevivir las noches e imaginar los días venideros poco importa si la esperanza entre los dientes es fresca o está hecha jirones."

Mi hermano murió mientras estaba en Palestina. Este hecho lo cambió todo. 
Me ha costado 10 años traer a mi hermano de vuelta. Ahora soy capaz de llorar su pérdida.
Y sólo ha sido posible a través de la creación artística.
En el proceso de desconfinamiento, el mundo al que vuelvo no es Palestina.
Pero ese miedo del que hablaba sigue en mí. Me hace preguntarme por la fragilidad de nuestros derechos.
Porque yo me incluyo e identifico con los desheredados o posibles desheredados. Y me siento vulnerable.

Para mi el arte ha sido y es un refugio, una vía de comunicación entre yo y el mundo, un camino de autoconocimiento y sanación, de transformación de la realidad que me rodea. Una forma de mirar. Una herramienta para resistir ante los envites de mi realidad.

En Palestina podríamos decir que todos los derechos humanos han sido ya pisoteados de mil maneras, y en esta situación de vulnerabilidad absoluta. podemos imaginar que la mayoría de la producción artística gira en torno a este hecho, a sus esperanzas y aspiraciones, su sufrimiento, junto con la resistencia.

Buscar cada mañana y hallar las sobras con que subsistir un día más
Saber al despertar que en esta maleza legal no existen los derechos
Experimentar por años que nada mejora, todo va peor
La humillación de no ser capaz de cambiar casi nada, y de aferrarse al casi que conduce a otra espera
Creer las mil promesas que inexorables se alejan de tu lado, de los tuyos
El ejemplo de aquellos reducidos a escombros por resistir
El peso de los tuyos asesinados, un peso que cancela para siempre la inocencia; 
porque son tantos.”

Este proyecto habla de dignidad. De resistir aunque sea con la esperanza entre los dientes.